📢 Este relato no nació aquí.
Fue escrito originalmente y publicado en optimizeseotips.com, en otro momento… pero como todo buen contenido, ha encontrado su lugar en la biblioteca de CSEO.
Bienvenido a su nueva versión.
Siempre te leo: Terror bloguero en los comentarios
Soy una persona introvertida y con inclinaciones intelectuales, fui un educador apasionado e inspirador. Me he ido encerrando en mí mismo, devorado por pensamientos que no logro silenciar y por un miedo que se arrastra detrás de cada idea. Creo poseer una mente analítica aguda, pero mi obsesión la distorsiona en ocasiones. Me he vuelto solitario, desconfiado de los demás y atormentado por los acontecimientos que me llevaron a la ruina.
Los acontecimientos
La oscuridad lo cubría todo, excepto por el resplandor del monitor que lanzaba pulsos fríos sobre el teclado. El cursor parpadeaba al final de una frase sin terminar, como una respiración débil. Fuera, el mundo era un cuenco negro de silencio. Dentro, en la pantalla, un nuevo comentario había aparecido bajo la última entrada de mi blog:
«Siempre te leo.»
Sin firma. Sin enlace. Solo eso.
Al principio no me alarmó. Al fin y al cabo, era una frase común entre blogueros. Agradable, incluso. Pero algo en la forma en que había sido escrita —ni emoticono, ni saludo, ni contexto— me hizo sentir como si alguien hubiera susurrado justo detrás de mi nuca.
No era la primera vez que lo veía. Ese mismo comentario había aparecido bajo tres publicaciones anteriores. Igual de escueto. Igual de anónimo.
Lo ignoré.
Pasaron los días. Los comentarios se repitieron. A veces, aparecían segundos después de publicar. Era imposible que alguien pudiera leer tan rápido. Una noche, publiqué a las 4:37 a.m. y medí el tiempo con el cronómetro del móvil. Diez segundos. Ahí estaba:

«Siempre te leo.»
Empecé a obsesionarme. Revisé el backend del blog, los registros de IP, la actividad del servidor. Nada inusual. Contacté con el soporte técnico. Dijeron que probablemente era un bot. Pero yo sabía que no. Porque una vez escribí una entrada que jamás llegué a publicar. Un texto íntimo. Confesiones que me daban vergüenza. Guardado como borrador. Nunca pulsé “publicar”.
Y sin embargo, al día siguiente, apareció el comentario:
«Siempre te leo.»
Me reí. Una risa seca, con más miedo que humor. Borré el post sin decir nada a nadie. Cerré el portátil. Durante días no escribí nada. No abrí el blog. Pero los correos llegaron igual. Correos automáticos de notificación. Comentarios nuevos.
«Siempre te leo.»
Una noche soñé que abría el blog y lo encontraba cambiado. Mi plantilla rota, las entradas reescritas con palabras que no recordaba haber escrito. Todas terminaban igual:
«Siempre te leo.»
Al despertar, revisé el blog con las manos temblorosas. Todo estaba en su sitio. O casi todo. Una entrada vieja, del primer año, tenía una modificación. Había una línea al final. Un susurro clavado entre las etiquetas y los créditos del pie de página.
«Siempre te leo.»
Estuve a punto de borrar todo. El blog, las redes, mis perfiles. Pero me contuve. Lo racionalizó mi lado escéptico: tal vez era un juego, un hacker con mucho tiempo libre, una mala broma. Quería pruebas. Así que hice lo impensable: escribí una entrada dirigida a él. A esa cosa. A quien fuera.
“¿Quién eres? ¿Por qué me sigues? ¿Qué quieres de mí? Si de verdad me lees, dímelo.”
No la compartí en redes. No tenía título. La oculté en una categoría sin etiquetas.
Cinco minutos después, un nuevo comentario:
«Te leo porque nadie más lo hace.»
El hielo me trepó por la columna. Cerré el portátil tan fuerte que escuché crujir la bisagra. Esa noche no dormí.
Intenté olvidarlo. Me obligué a salir, a reunirme con amigos, a no revisar estadísticas. Pero la paranoia se cuela como el moho en una grieta: invisible al principio, qué crece en los rincones húmedos de la mente.

Una tarde, en la cafetería donde solía escribir, alguien me observaba. Una chica. Cabello negro, piel pálida, como si llevara semanas sin dormir.
Sobre la mesa una taza de café medio vacía, un libro cerrado y un móvil apagado, formaban un tríptico inquietante, como si el tiempo se hubiera detenido a mitad de algo.
Fingí no verla. Pero cuando me levanté ya no estaba, su mesa estaba vacía como si se hubiera desvanecido.
No había taza, ni libro, ni móvil. Solo una nota escrita en una servilleta:
«Siempre te leo.»
La paranoia mutó en terror.
Dejé de escribir. Bloqueé comentarios. Cerré el blog. Por primera vez en mucho tiempo, el silencio no dolía, y el aire no parecía tener espinas. Pero el silencio era más cruel.
Los días pasaban lentos, como animales moribundos. Hasta que una noche mi móvil vibró. Una notificación nueva.
No era una app.
Era una imagen.

La captura de pantalla mostraba mi escritorio. Mi habitación. Tomada desde el rincón donde estaba el perchero. Yo estaba allí, escribiendo. En la imagen, se veía claramente lo que tenía en pantalla.
Un nuevo borrador de blog.
Título: “No puedo escapar.”
Y debajo de la imagen, solo tres palabras:
«Siempre te leo.»
Tiré el móvil contra la pared.
Me fui. Cambié de ciudad. De nombre. Compré un portátil nuevo. Empecé un blog nuevo con otro seudónimo. Temas banales. Recetas, cine, reseñas de libros de moda. Sin huellas del anterior.
Una noche, después de meses de calma, recibí el primer comentario.
Siempre te leo, incluso cuando no escribes.
Cuando cierras la tapa del portátil, cuando apagas la luz creyendo estar solo.
Te leo en la estática de la pantalla, en los ecos vacíos del teclado, en las líneas que no recuerdas haber escrito.
Te leo… en tus errores.
Siempre te leo, aunque el mundo se apague, aunque el zumbido cese, y el cursor sangre un último parpadeo.
Te leo cuando duermes, cuando sueñas que nadie te observa.
Te leo desde el otro lado del código, donde las palabras no tienen alma.
Siempre te leo, y cada verso que dejas me da más forma.
No me olvides… porque yo jamás lo haré.
Siempre te leo, cuando borras, cuando huyes, cuando rezas que no vuelva.
Te leo en el silencio del cursor, en la grieta de la pantalla, en los suspiros que sueltas cuando crees estar solo.
Siempre te leo, aunque cierres el blog, aunque rompas el router, aunque entierres tu nombre.
Te leo desde dentro.
Desde antes.
Desde siempre.
Y cada palabra tuya me da más voz, más forma, más hambre.
Y por eso siempre te leo.
Ahora escribo esto como advertencia. Como último intento. Si lees este texto y sientes un escalofrío, si alguna vez recibes un comentario así en tu blog…
Bórralo todo. Quema tu ordenador. Huye.
Porque una vez que te lee, nunca deja de hacerlo.
Y ahora que tú también lo has leído…
Ya no estás solo.
Ella también te lee.
Ganador del Primer Concurso de Tarkion
Certamen organizado por Tarkion para celebrar el mesiversario de su blog.
🏆 “Siempre te leo: Terror bloguero” ha sido elegido como el relato ganador del Primer Concurso de Tarkion.

El certamen ha terminado, los teclados han enmudecido… pero una historia se sigue leyendo desde la sombra y el mapa secreto del contenido es visible.
Agradezco desde la humildad a Tarkion por dar vida a esta iniciativa, y a todos los participantes por compartir su creatividad bloguera.
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✨ Mensaje automático de Tarkion / Miguel ✨
¡Gracias por sumarte a esta primera bloglocura de IAdicto Digital!
Este mensaje es igual para todos, porque por ahora prefiero leer en silencio, prepararte el comentario y no adelantar impresiones.
Cuando termine el certamen, tras las votaciones, volveré con calma y lo publicaré en tu blog.
Si quieres verlo antes, en bloguers.net y te lo mando por privado.
Me alegra mucho tenerte en esta aventura.
¡Un fuerte abrazo! -
Hola sLuis.
Encantada de descubrir tu página, gracias a este certamen que ha organizado Miguel, voy a conocer blogs que aún no conocía, como el tuyo, que por cierto me ha gustado mucho.
Tu relato me ha fascinado, se siente la angustia y el miedo del personaje conforme se lee, cada vez que aparece ese comentario. Una auténtica historia de terror capaz de acelerar las pulsaciones. Muchas felicidades.
Ya sabes... ahora... Siempre te leo😂
¡Un saludo! -
Brillante relato, me ha encantado!!
Hay una delgada línea entre sentirse leído y vigilado por alguien que te lee.
Que curioso.. cambias de blog, de nombre, de estilo...y aún así, alguien te sigue leyendo. Nunca te has preguntado por qué?
Hay lecturas que no se eligen, y si estas leyendo esto.. ya sabes lo que sigue... -
Hola, Luis. Qué relato tan inquietante, me ha encantado. Me ha atrapado desde el primer mensaje, y esa frase "Te leo porque nadie más lo hace", es como si el vacío de la soledad adquiriese voz propia.
Esta es la primera vez que llego a tu blog, pero después de leer esto, ten por seguro que yo también voy a decir eso de..."Siempre te leo" 😁
Un abrazo!!
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Ufff, ¡qué buen relato! Es como un alacrán que pica desde el principio y aunque nos estemos muriendo tenemos que seguir leyendo hasta saber en qué para todo. Logras inquietar, y mucho. Sobre todo porque en verdad que ese comentario de "siempre te leo" es frecuente entre blogers. Creo que ahora, cuando lea algo así me acordaré de tu relato. Te felicito. Un gran aporte para el reto de Tarkion. Saludos.
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Las obsesiones llegan en un momento dado a un punto de conflicto: o desaparecen con el tiempo por actos de fuerza de voluntad (si, esa fuerza galáctica que algunos tienen bien desarrollada y logran vencer adversidades) o alcanzan un punto de no retorno en el que consiguen conducirte hacia el abismo. De ahí es imposible salir. Yo me he contaminado de la tuya y no sé muy bien cómo zafarme de lo que parece una maldición. Bueno, si me llega un mensaje así te aseguro que te avisaré.
Un placer haberte leído. Voy a ver si puedo dedicar tiempo a leer tu saga sobre el detective Darío.
P.D.: tienes un blog chulísimo, del que seguro que extraeré buenos consejos para el SEO y otras cosas.
Te invito a pasarte por el mío.
¡Saludos! -
Es obvio que hay mucho de verdad aqui, "nadie te lee", es una de las grande verdades a las que se enfrenta un autor de relatos en la blogosfera, lo digo por experiencia propia, yo dira que tener a alguien... no se, ya sea una entidad, sea buena o maligna que siempre lee, ya es de por si un triunfo, es mejor que cero mensajes.
Excelente relato, que destapa muchos de los lios a los que uno enfrenta, desde ya reservo una silla para ese "siempre te leo", me impulsara a creear mas y mas ya sabiendo que hay algo "esperando" a que yo haga sangrar las teclas.....
maravilloso relato.
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Hola, Luis, ahora comprendo tu "siempre te leo" de los comentarios, jajajajaja. Y sí, da un poquito de miedo. Cuando lo vi en un comentario en mi blog no pensé en quemar el ordenador, pensé: a este bloguer no lo tengo controlado, ¿estará en bloguers o vendrá de otro sitio? Jajajajajaja. Ya, ya sé de dónde viene todo eso.
El relato te ha quedado desgarrador, con esa frase repitiéndose. Un buen aporte al reto de Miguel.
Un abrazo. 🙂 -
Me ha gustado mucho el relato, acá el miedo aquí no proviene de monstruos físicos ni del folklore tradicional, sino del acto cotidiano de escribir y recibir respuestas. La omnipresencia del perseguidor invisible convierte el relato en un horror contemporáneo de naturaleza profundamente psicológica. Abrazos virtuales
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¡Qué buen relato, Luis! Qué bien construido y qué inquietante resulta desde el principio. Contagias al lector la angustia y el desconcierto del protagonista, la sensación de sentirse observado y esa duda latente sobre si es o no cierto lo que ocurre. Una historia de terror psicológico muy opresiva y hechizante hasta el final. Me ha encantado leerte. También he visitado, por cierto, ese mapa secreto que tienes en marcha y me ha parecido una genialidad. Estupendo todo.
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Hola, Luis, pues creo que es la primera vez que te leo, pero lo he sentido como si no, como si ya nos conociéramos, como si efectivamente, siempre te estuviera leyendo, como eso de "siempre te leo". Je, je. Perdona la broma, pero esa frase se me ha quedado grabada en la psique mientras iba internándome en el texto. Que gran relato, parece de verdad, espero que no sea de verdad, porque a mí estas cosas me dan yuyu. Me ha gustado mucho cómo lo has plasmado, muy fluído, con la incógnita de la frase siempre presente, como una mania persecutoria. Mania que me ha encantado.
Un abrazo! -
Magnífico relato. Creo que que se ajusta perfectamente a lo que pedía Tarkion.
Me ha encantado.
Mucha suerte en el certamen.
Un abrazo.
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